Ser auténtico, no perfecto

La cita que a menudo crecimos oyendo en la escuela es “la práctica hace perfecto “. Todos somos individuos únicos con potenciales y capacidades distintos que necesitan ser respetados y nutridos de una manera individualizada. Así que nuestra búsqueda no es ser perfecta, como se define por una referencia externa, sino más bien ser auténticos a nuestro verdadero yo. Esto es verdad no sólo con respecto a cómo nos vemos, sino más importante aún, cómo nos sentimos y cómo expresamos nuestros sentimientos y potencial.

El yoga nos enseña que aunque no somos ni inferiores ni superiores a los demás, definitivamente no somos homogéneos.

Como seres humanos, hemos externalizado nuestras fuentes de conocimiento a referencias externas, rechazando la sabiduría natural que yace en nuestro corazón. Tratamos de encajar en las ilusiones de la perfección definidas por la mente estructurada. Si bien la estructura en mente es necesaria hasta cierto punto, puede volverse peligrosa cuando le damos demasiado poder e influencia. El yoga nos enseña a acercarnos al corazón y a relacionarnos con él para que naturalmente podamos convertirnos en una mejor versión de nosotros mismos.

La idea de la perfección se crea a través de la ilusión del aprendizaje. ¿un árbol de plátanos va a la escuela para producir bananas? ¿un tigre va a la Universidad para convertirse en un tigre perfecto? Este conocimiento es inherente a la especie y todo lo que tienen que hacer es seguir su intuición y autenticidad. Ninguno de ellos quiere convertirse en otra especie. Simplemente siguen su sabiduría inherente para convertirse en la mejor versión de sí mismos.

Es importante recordarnos a nosotros mismos que

• La perfección es una ilusión creada por la mente

• La perfección no existe

• No hay nadie perfecto, nunca lo ha sido y nunca lo será.

La autenticidad, por otro lado, es más razonable, natural y real. Necesitamos honrar nuestra autenticidad y usar el yoga para ayudarnos a convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos. Este es el mensaje del yoga.

Reflejar

El extraordinario genio del sistema de yoga es su fantástica comprensión de la mente humana. El mundo moderno considera a Sigmund Freud como el primer explorador de la mente humana, pero Patanjali, el fundador del sistema de yoga, lo venció por al menos 2.000 años.

Contrariamente a la opinión popular, el yoga no es un sistema enfocado en estirar o retorsionar el cuerpo humano en combinaciones infinitas o levitar fuera del suelo; tampoco es una secta religiosa que conlleva el uso de túnicas anaranjadas y la prueba de las camas de espinas. El yoga es esencialmente el primer sistema que se centra únicamente en entender la mente, sus problemas y lo más significativamente posible, todo su potencial.

Así como un árbol de plátano no puede producir papayas, ni un perro produce gatos, los seres humanos tampoco pueden ser diferentes de sus potenciales internos que ya están codificados dentro de ellos.

Cuando crecemos, admiramos a alguien y los consideramos como nuestro ideal. Este sentimiento se vuelve más intenso cuando nos involucramos en el mismo campo. Queremos llegar a ser como nuestro ideal. No nos damos cuenta de que cada individuo es único. Será un fracaso cuando quiera copiar a alguien. No puedes convertirte en una réplica de otra persona.

Algunos nacen para ser líderes, otros seguidores de apoyo; Algunos son extrovertidos, otros introvertidos; Algunos son rápidos en sus pies cuando piensan y toman decisiones, otros más reflexivos. Sólo cuando encuentres tu autenticidad y empieces a entrar en ella, te volverás más feliz en tu vida.

Este mensaje es crítico en los tiempos de hoy. Queremos entender objetos y sujetos a través del análisis o la racionalidad. Pero ese no es el camino del yoga. La reflexión y la realización son los principios del yoga. Los medios para empoderarlos es silenciando la mente.

Mientras que innumerables practicantes están tratando de perseguir la “atención plena”, el yoga enseña un camino de ‘ mindless’-Ness, de silenciar la mente y de ofrecer un espacio para la reflexión.